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Diego El Cigala... Y el tango lo encontró (EL NUEVO HERALD)
Diego El Cigala… Y el tango lo encontró
SARAH MORENO
smoreno@Elnuevoherald.com
SARAH MORENO el Nuevo Herald
No era de extrañar que este gitano madrileño cantara tangos. En el 2003 ya habíamos visto a Diego El Cigala hacer una de las mejores duplas musicales con el pianista cubano Bebo Valdés en Lágrimas negras sin saber entonces nada de música cubana. Por eso cuando se oye a Cigala cantar Garganta con arena, uno de los temas de su disco más reciente Cigala & Tango, no hace falta nada más para saber que con su estilo peculiar domina el tango como el bolero, como la trova tradicional cubana y como ese cante flamenco desgarrado que le oyó tantas veces a Camarón de la Isla.
“El tango y el flamenco son música del pueblo, sufridas, por sus letras, que cuentan aventuras, historias de amor, angustia y pena”, cuenta Cigala en entrevista telefónica desde Madrid, una noche en que a pesar de que se casaba un percusionista amigo, apodado el Piraña, ha preferido quedarse en casa para descansar antes de la gira de 17 conciertos que lo llevará por varias ciudades latinoamericanas y de Estados Unidos.
Celebrando la nominación al Grammy de Cigala & Tango (Cigala Music/ Universal Music Argentina) y la venta de 150 mil copias en época de crisis, Cigala llega a Miami para ofrecer mañana en al Knight Concert Hall del Arsht Center un concierto parecido a ese que grabó en vivo en abril del 2010 en el Teatro Grand Rex de Buenos Aires y que después resultó en este material discográfico de tango aflamencado.
“Cuando salí cantando Garganta con arena en el Rex, el público se volvió loco. Fue ahí que imaginé el disco”, cuenta Cigala, añadiendo que en ese mismo viaje fue invitado a un programa en la radio argentina y alguien le regaló un disco de Carlos Gardel. Escuchando al Morocho del Abasto y a otros intérpretes de tango como Julio Sosa comenzó a conformarse este material, que tiene además un DVD y que cuenta con las interpretaciones del acordeonista Néstor Marconi, el guitarrista Juanjo Domínguez y el cantante Andrés Calamaro.
El éxito de este disco quizás tomó a Cigala tan de sorpresa como el de Lágrimas negras, que llevó a un estatus internacional al cantante madrileño. “Yo estaba acostumbrado a cantar con compañías de baile, para un público minoritario, el del mundo del flamenco, que es más cerrado. De todas formas, pensaba que esto podía pasar, tenía confianza en mí, pero tampoco le ponía hincapié porque si lo hubiera buscado, quizás no hubiera llegado”, recuerda Cigala, a quien le gusta decir, repitiendo a Picasso: Yo no busco, encuentro.
“El mayor triunfo de Lágrimas negras fue conocer a Bebo Valdés, un hombre que vivió 45 años en Estocolmo tocando en el hall de un hotel. Cuando [el documental] Calle 54, fui a su camerino, luego de verle tocar en Madrid, y a los 15 minutos surgió una magia entre un gitano de 35 años y Bebo, que tenía 85 años, y ése es el milagro de la música”, señala Cigala, que confiesa no puede vivir sin la música porque “sería como si me cortaran las alas”.
“Cuando salgo al escenario me santiguo, y le pido a Dios que me ayude y lo hago con mucha fe, pero lo dejo en las manos de él”, reconoce Cigala, a quien le pusieron su nombre artístico –el de nacimiento es Diego Ramón Jiménez Salazar– los hermanos Losada, un trío de guitarristas con los que comenzó su carrera.
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